miércoles, 13 de abril de 2011

DE SOL Y SOMBRA

Por Andrés Román y Cristina Samaniego


En este artículo lo que buscamos no es posicionar juicios de valor sobre si asistir a las corridas de toros está bien o está mal, sino más bien lograr llegar a un análisis sobre el tema en su profundidad, reconociendo que existe tanto una percepción a favor y otra en contra sobre la Tauromaquia, pero con un fundamento no muy claro, el cual buscamos dilucidar. Es por eso que trataremos de separarnos de nuestra posición sea a favor o en contra de la Fiesta Brava para poder llegar a un criterio lógico, razonable y sobre todo central del tema en cuestión.

Lo haremos mencionando dos actividades fundamentales para la realización de nuestro análisis: la asistencia a la Feria de Quito como parte de un sustento empírico y el apoyo en textos a manera un poco más teórico.

De la oposición taurina: tratar de comprenderla
Entre muchos de los postulados que de esta oposición deviene, hablamos de la tortura a un animal indefenso en la justificación de un arte, lo que es refutable y en eso parafraseamos al filósofo francés Francis Wolff, en el sentido que no hablamos de una tortura, porque sencillamente no la hay pero, como es evidente, lo han tomado como el sello en todas sus protestas anti-taurinas, y no hay otra razón para que suceda esto que la ignorancia, pues sí, así es, están tan cegados en su objetivo principal de abolir la Tauromaquia que no les ha importado cómo conseguirlo, tomando cualquier término peyorativo y que obviamente les hace pensar a sus seguidores que así sucede.

Uno de los argumentos a favor de las corridas de toros se sustenta en que no es su objetivo el sufrimiento del animal, sin embargo, esto no significa que no la haya, y aquí es donde los anti-taurómacos expresan su protesta de las consecuencias de sus “objetivos”, del maltrato y muerte, pero debemos recalcar que no es el simple hecho de maltratar al animal y matarlo, sino la indiferencia que las personas le dan y que con el pasar de los años lamentablemente lo han naturalizado (en el mayor de los casos volviéndose una tradición) perdiendo cada vez esa “sensibilidad”, concepto que fundamenta aún más el sentido de la protesta, compasión con el ser vivo al que se está sacrificando en el ruedo.

Consideremos a la frase cumbre de esta protesta frecuentemente utilizada: “la tortura no es arte ni cultura”. Habiendo ya especificado la concepción de tortura, nos remitiremos al enfoque cultural, no desde una consideración de acto en sí como cultura, sino desde una óptica más amplia y que merece ser considerado desde estos aspectos:

-         Reconocer a la Tauromaquia como una estructura de símbolos, signos, significaciones, totalmente contrapuestas a nuestra realidad pero que fue adaptada en el proceso colonizador y perdura hasta nuestros días.

-         Asentir que esta adaptabilidad fue y es posible gracias a nuestra hibridación constante fruto de un sincretismo cultural establecido a partir del choque de una cosmovisión andina y un proyecto cultural colonizador.

-         Aceptar que esta actividad constituye a un patrón cultural que parte de una tradición, al mantener un desarrollo habitual cada diciembre, tradición que genera la formación de prácticas y acciones  cuya perdurabilidad temporal se viabiliza por la aceptación y realización de las mismas, inclusive considerándolas como propias fundamentando esta posición de patrón cultural. 

La aceptación a las corridas de toros puede entenderse desde un aspecto cultural propio de nuestra ancestralidad; ¿a qué nos referimos con ésto?. Es a la concepción del sacrificio presente en la cosmovisión andina, el sacrificio se institucionaliza a partir del ofrecimiento de algo en busca de adecuarnos en la trascendencia de base que nos sustenta. Recordemos que nuestra cosmovisión es netamente religiosa (la adoración al sol y los fenómenos naturales) y que tal vez sea el punto de llamar a esta Feria con el nombre de “Jesús del Gran Poder”, pues se puede hablar de una institucionalización de este sacrificio humano en búsqueda de lograr interactuar con la trascendencia que nos sustenta. Evoquemos, además, que el sincretismo está presente en la mayoría de nuestras prácticas religioso-simbólicas, que nos pueden determinar el hablar de la corrida de toros como práctica simbólica que concatena nuestra visión del sacrificio en busca de lo trascendente con patrones culturales occidentales.

Entonces, ¿tienen derecho a abolir las corridas de toros? A pesar de los argumentos que los anti-taurinos nos presentan para su prohibición, también están presentes las posturas para mantener esta actividad “artística”, puntos que obviamente son verdaderos para su respaldo. Y no hay otra forma más verosímil que decirlo como lo hace Wolff: ¿Le gustan las corridas de toros? ¡Sepa defenderlas! ¿No le gustan las corridas de toros? ¡Sepa comprenderlas!

De la afición taurina: tratar de conocerla para exponerla 
Hablamos ahora de un conocimiento vago de algunos taurinos que no saben en qué se constituye y se fundamenta esa tan hablada afición taurina. Por tal motivo, tratamos de llegar a consolidar un fundamento claro dentro de esta afición, pues no se trata sólo de asistir por asistir, sino de acudir porque conocemos y sabemos a qué estamos yendo.

Las corridas de toros no deben ser consideradas solamente como un espectáculo, estamos hablando de una estructura, como bien lo habíamos mencionado anteriormente, es así que no podemos hablar de un “show” al que solo vamos a visualizar, sino de una verdadera combinación de símbolos y prácticas a las que vamos no sólo a observar sino a comprender más que nada.

La tauromaquia requiere de la valentía y el coraje del hombre ante un ejemplo vivificado de lo poderosa y vital que es la naturaleza, no se inscribe en el marco de un mero espectáculo visual, sino que estamos hablando de una comprensión profunda del simbolismo antes mencionado y las técnicas utilizadas.

La Fiesta Brava es, ante todo, un compromiso, obligación del torero con el espectador, entrega completa y su respeto a su conocimiento y apoyo (del público). Se circunscribe como un ejercicio introspectivo, pues el torero aprende a conocerse a sí mismo y a sus capacidades.

La Tauromaquia se constituye como un proceso cultural mixto, es decir, en ella confluyen la influencia de culturas de Oriente con simbolismos propios del occidentalismo español y que dentro de nuestra realidad se concatena con una influencia andina de adhesión al sacrificio.

El declararse aficionado taurino no sólo compromete a asistir a un espectáculo, compromete más que nada un viaje de conocimiento, por así decirlo; ir a los toros por el simple hecho de establecer relaciones sociales, ganar estatus y prestigio, enmarcarse en llamar la atención y darse a conocer, es totalmente errado, a eso no se encamina, es como hemos mantenido toda una estructura institucional de conceptos y categorías.

Dejando de lado las controversias sociales que existe sobre la tauromaquia, y que cada vez se hace más frecuente entre los medios, esta práctica ha permitido crear grandes fuente de trabajo. Estas oportunidades laborales han generado un gran flujo económico beneficiando de forma directa o indirecta, contribuyendo así  a la economía nacional.

Después de todo lo que hemos expuesto y tratándose de un tema coyuntural de esta época y cuya expresión está incrustada en nuestro escenario, esperamos haber llegado a un verdadero reconocimiento de la noción que tienen las personas en su accionar dentro de la afición taurina como en la contraposición con ella.

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